Se ha presentado el mensaje del papa Francisco para la Cuaresma de 2024, en el cual invita a “desacelerar y detenerse”. La cuaresma es un tiempo propicio para parar, ver los ámbitos más próximos y dejarse alterar o conmover por ellos. Como el buen samaritano que en su camino se detuvo, y luego de contemplar su realidad, ésta lo llevó a hacer algo, suscitando colaboradores.

Francisco recuerda que también “detenerse es una acción”, por este hecho de parar, mencionado en los ejercicios espirituales de san Ignacio, se da la encarnación. Mientras la Trinidad contemplaba a la humanidad, brotó el “hagamos redención” y Jesús se encarnó en el mundo con una misión de fondo.

Hoy, tragados por el acelere y la prontitud de las exigencias externas de la vida, pareciera que uno no puede y tampoco tiene permitido parar. Pero como puede verse en ambas imágenes (el buen samaritano y la Trinidad) detenerse implica parar para involucrarse más de cerca con el hermano.

Detenerse no es parar en seco, sino crear espacios orantes, en los que se dialogue con el Señor sobre el contexto en el que uno habita. Es dejar que el clamor de los más necesitados de este entorno conmueva el propio corazón. Es escuchar la voz de Dios y estar abiertos a lo que pueda estar confiando como a Moisés, para descalzarse ante la tierra sagrada que uno pueda estar pisando.  

 

Como lo menciona el Papa, “hoy Dios también escucha el clamor de su pueblo” y quiere contar con cada uno de los creyentes para liberar al oprimido socialmente, religiosamente, económicamente, etc. El propósito es ser facilitador de nuevas posibilidades para quién no es capaz de ver más allá; es quitar impedimentos que se interpongan en el camino del hermano para el encuentro con Dios.

Si como cristiano ya se está dentro de esta dinámica apostólica en las fronteras del propio entorno, quizá sea bueno plantearse una renovación apostólica. Es importante que uno pueda preguntarse, delante del Señor, ¿cómo mejorar el servicio a los hermanos? ¿cómo estar en una continua renovación para no perder el encanto de aquello que el Señor encomienda?

Hace falta parar para abrirse a lo que el Señor quiera revelar de este momento actual y descubrir cómo habitar el mundo de forma diferente, siendo portadores de paz, alegría, justicia, denuncia, amor, libertad, valentía… con aquellos que más alejados están de Dios y peor lo están pasando. 

La cuaresma tiene una importante dimensión contemplativa que puede avivar en nosotros aquello  que nos hace percibir al otro como un hermano. Ojalá aproveches este tiempo que la iglesia  nos ofrece, para ir preparando el corazón a un nuevo reencuentro con los hermanos, marcado por la esperanza de sentirnos caminando juntos.

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https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2024/02/01/010224a.html